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¿Son creíbles los presupuestos?

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Han sido siete años de vacas flacas. ¿Empezamos otros siete de vacas gordas? Parece que el Gobierno nos dice que sí a través de los Presupuestos Generales del Estado para el 2015 publicados ayer viernes. Nos asegura que hay un cambio de tendencia y que en el 2015 nuestra economía crecerá al 2%, a pesar de que el resto de Europa se está desacelerando.

¿Es creíble? La tendencia de los gobiernos en un año electoral como el próximo es gastar más. Para justificar ese gasto y no desbaratar las previsiones de déficit público tiene que vender que se recaudará más y, como consecuencia, presupuestar que el PIB crecerá y que todos generaremos más. Si todo esto no se cumple, darán explicaciones a Europa, pero habrán conseguido el objetivo electoral y el siguiente que gobierne, ya se apañará. Nos gobiernan políticos, y los políticos llevan muy a gala la frase de Winston Churchill: “Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores.”

Seamos justos. A pesar del índice de paro actual, el Gobierno de Mariano Rajoy  ha hecho en materia económica un trabajo sobresaliente. Muchos economistas en el mundo ya hablan del nuevo milagro económico español, pues Rajoy se encontró un país al borde del rescate, al que nadie quería prestar, con la mitad de su sistema financiero quebrado y con una Economía que entraba en profunda recesión.

Nuestro país ha conseguido recuperar la competitividad que había perdido durante los años del boom económico y la productividad por trabajador se encuentra ya en la media europea. Semejante hazaña de los ciudadanos españoles, sin poder recurrir como en etapas anteriores de nuestra historia a la devaluación de la moneda, ha sido posible gracias a la reforma laboral acometida por el Gobierno que ha dotado de suficiente flexibilidad a las empresas para poder competir en un entorno globalizado.

Otro catalizador del cambio ha sido el extraordinario crecimiento de nuestras exportaciones. Desde el 2008 al 2014 el peso de nuestras exportaciones sobre el PIB ha pasado de un 24% a un 35%, superando en ratio de exportaciones per cápita a países tan exportadores como Francia e Italia.

Mientras que el crecimiento desde el 2013 ha estado basado en el tirón del mercado exterior, para el 2015 el Gobierno confía en el empuje de la demanda nacional y que esta aporte 1,8 puntos porcentuales al avance del PIB en el 2015. Es cierto que, tras tantos años de contención, en algún momento las familias tendrán que cambiar de lavadora, sustituir ese coche que ya no aguanta o renovar el vestuario. Pero es difícil que aumente mucho el consumo interno, pues el endeudamiento de las familias sigue siendo muy elevado, los salarios siguen a la baja y, a pesar de la optimista previsión del Gobierno de crear 622.000 empleos para el cierre del 2015, España aún registrará 5.075.000 parados.

Es difícil la creación de mucho empleo porque más de 200.000 empresas han desaparecido. Quebrar empresas hemos visto que es fácil, basta una crisis de liquidez bancaria. Pero crear y desarrollar una empresa capaz de contratar cien trabajadores requiere muchos años, y desgraciadamente no van a ser las grandes multinacionales quienes creen empleo en España.

Sólo una reforma laboral más agresiva que eliminase el salario mínimo a los jóvenes y redujese los costes de despido animaría a los actuales empresarios a lanzarse a contratar sin miedo.

Los objetivos para el 2014 no eran difíciles de cumplir pues la reducción exigida no era significativa. Mucho más difícil será alcanzar los del 2015, pues suponen bajar de un déficit el 5,8% del PIB a un 4,2%. Esa tarea sólo se podría lograr con nuevas reformas estructurales y una exigente reducción de las Administraciones, algo que el Gobierno no está dispuesto a acometer pues considera que ya han adelgazado lo suficiente la nómina pública.

España tiene un grave problema con una deuda pública, que alcanza el 100% del PIB y sigue engordando (la deuda exterior es la mayor del mundo tras EE.UU). El Estado tiene casi tanta deuda como la que tienen todas las empresas juntas, lo que provoca un efecto expulsión a la empresa a la hora de captar financiación. El Gobierno, en este año electoral tendrá la tentación de aumentar el gasto como efecto balsámico a corto plazo. Si lo hace, agravará los problemas de una Economía que puede agotarse por el peso de la deuda.

Es importante que Rajoy recuerde aquella frase de James Clarke, “Un político piensa en las próximas elecciones; un estadista en la próxima generación”, sepa reducir el gasto público y comportarse como un verdadero Estadista.

Artículo publicado por Enrique Quemada, CEO de ONEtoONE Corporate Finance, en Expansión.com

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